15 agosto 2018 Por: Victoria Nannini consumo, ensayo, kriomix, moda
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Las nuevas estéticas que acompañan a la moda actual nos revelan los pensamientos de la sociedad contemporánea. La moda parece centrarse en los sectores más jóvenes, o para ser más precisos, las imágenes de moda están dirigidas a una eterna juventud.


También el contexto neoliberal nos demuestra que aún en condiciones de salarios que no permiten llegar a fin de mes, el consumo de indumentaria sigue estando en la lista de prioridades. La apariencia es una de las cuestiones más importantes .

Los pelos multicolores, los piercings en la nariz, los tatuajes visibles, son algunas de las características que muestran las y los modelos seleccionados en publicidades de moda. Esto nos lleva a pensar que la indumentaria está destinada a los grupos más jóvenes, (y aquí habría que definir qué entendemos por joven hoy) que no tienen un trabajo formal o que tienen la ventaja de poder trabajar en ámbitos donde dichas características de la apariencia no generan cuestionamiento.

El filósofo Gilles Lipovetsky nos recuerda que en la actualidad, representar menos edad importa mucho más que exhibir un rango social y esa es la exigencia del individualismo moderno que gira en torno al culto al cuerpo y a la juventud.

Pero más allá de estas nuevas tendencias en la imagen, la moda impulsa, más que nunca, la búsqueda de un estilo individual propio, que nos lleva a pensar que nadie realmente está siguiendo las tendencias sino que nos encontramos casualmente con las prendas, en la web, en las redes, por la calle y elegimos en base a un gusto personal propio y casi único. La unicidad es casi inalcanzable y en la carrera por alcanzarla estamos dispuestos a todo.

Esta temporada pasada, la tienda que produce indumentaria a gran escala y vende en varios países de Latinoamérica, Falabella, ha optado por invitar al reconocido diseñador Karl Lagerfeld para que dedique una colección especial para la empresa. La misma intenta dar cuenta de los rasgos más distintivos de su personalidad y de su trayectoria en el diseño y que, al mismo tiempo, sea accesible al público general.

Esto no es nada nuevo, ya lo venimos viendo en distintos países de Europa y Estados Unidos donde las marcas de venta masiva de indumentaria (Topshop, H&M) buscan a importantes diseñadores o celebridades para que diseñen una línea exclusiva que sería comercializada a partir de los canales de venta de la gran compañía.

La pregunta que nos surge ante este tipo de acontecimiento es qué comunicamos con dicha forma de consumo. Poder acceder a una de esas prendas le permite al consumidor sentir que tiene en sus manos un Lagerfeld, aunque sabe que un Lagerfeld de su línea oficial es casi un imposible, y mientras tanto no le preocupa que esa prenda esté reproducida a un nivel masivo y que muchos otros consumidores puedan adquirirla. Tiene en su posesión un Lagerfeld y eso ya es más que suficiente.

No intentamos aquí apreciar negativamente a este tipo de consumo sino que buscamos reflexionar acerca de qué tipo de significaciones rodean aquello que consumimos en indumentaria de moda. Por un lado, podríamos pensar que para muchos sería la única forma de adquirir una prenda del prestigioso diseñador y eso puede llenar de placer. Podríamos decir que se trata de una especie de democratización de las marcas y diseñadores más importantes. Por otro lado, esto nos hace pensar cuál es la razón por la cual uno como consumidor elige tener una prenda que no es originalmente de la marca del diseñador sino una réplica o prenda similar (la segunda marca de), en teoría producida por el diseñador en cuestión, aunque más de uno duda si Lagerfeld se puso a diseñar personalmente esas prendas.

Algo parecido sucede con las múltiples remeras que abundan en los distintos locales de indumentaria que aluden a Gucci, Chanel, Marc Jacobs y más. ¿Qué representan esas marcas en una remera que no es de esa marca? Una opción es que al consumidor le gusta esa marca y eso es lo más cerca que puede estar de la misma; otra es que no le interesa en lo más mínimo tener una prenda de esa marca sino que intenta deconstruir su significado llevando el atuendo como indumentaria casual haciendo una afirmación del estilo: “Sé lo que es Gucci y no me importa, no gastaría lo que cuesta una Gucci, me pongo esta remera combinada con lo que se me ocurre y la rebajo de su estatus”. La primera opción es la más probable.

En otros confines de la moda, se puede ver la presencia dominante de remeras estampadas con frases diversas. La marca argentina, AY NOT DEAD, ha sido la pionera desde sus orígenes en las remeras con estampas que poseen referencias a bandas, películas, artistas y más, en algunos casos no tan populares y en otros sí. Algunos consumidores claramente conocen dichas referencias, y en muchos otros casos, visten simplemente la marca.

Siguen estas tendencias, algunas marcas de renombre, otras no tanto y también diseños de autor. Lo que llama la atención, es la gran cantidad de usuarios con estas remeras, que en la mayoría de los casos, no saben lo que dice en la estampa porque está en otro idioma o desconocen la fuente de la frase y a qué está haciendo alusión. No es que eso sea importante, simplemente nos lleva a pensar qué estamos eligiendo a la hora de vestir y si al menos hay una conciencia de lo que tenemos puesto.

Dichas inscripciones y frases retrotraen a las pancartas y carteles de aquel mayo francés del 68, nada más que en este caso los usuarios las llevan en sus remeras con poca conciencia de aquello que significan. Más bien, podríamos decir todo lo contrario, sin ninguna intención de cambiar las estructuras subyacentes. Ya no hay: “Bajo los adoquines, la playa” o “El aburrimiento es contrarrevolucionario”, sólo se leen frases en francés o inglés que dicen: “Don’t worry, be happy”(No te preocupes, sé feliz), “Chic chick” (Chica chic), “Je ne suis pas en solde” (No estoy en venta) y más.

No hay activismo ni militancia en esas remeras. Hay un orden disciplinario que determina el uso de esas prendas e impone la necesidad de consumir cada vez más, para tener una pila de remeras descartables que dicen un montón de frases sin sentido. ¿Estamos al tanto de todo el proceso que tuvo la prenda hasta el momento en que la compramos? ¿Transmitimos juventud a través de las remeras con inscripciones, cual jóvenes en una revolución individualista?

Como decíamos anteriormente, lo que viste una sociedad en un momento determinado refleja la ideología de esa época. Hoy en día no importa cuántos niños trabajan en condiciones de pobreza para producir indumentaria a bajos costos, o cuánto se perjudica el medio ambiente en esos procesos de producción. Tampoco importan las reformas de la legislación laboral que van a determinar que un empleado trabaje mil horas para vendernos la prenda que nos gusta a cualquier hora incluso en un feriado, aún menos importan los casos de violencia de género que históricamente han estado asociados a la forma de vestir de las mujeres (nunca un hombre fue juzgado por vestir de forma seductora). Nada de eso importa, mientras podamos comprar la remera Lagerfeld en Falabella, o la que dice “Esta es mi vida”, todo se vuelve aceptable. La moda hoy nos muestra el individualismo en la apariencia y en la actitud.

Ilustración: Agustina Gimbatti

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